Jefes, jefecillos y empresas que desaparecen en la construcción

Empresas de construcción que desaparecen

Empresas de construcción que desaparecen

 

Cuando eres jefe, o jefecillo, o tienes algo de poder de mando en tu puesto de trabajo, siempre puedes decidir. Lo que decidas determinará el tipo de profesional que estás forjando, pero sobre todo, el tipo de persona.

Al cabo de los meses, o años, cuando ya no estés trabajando en esa empresa, te recordarán por la clase de persona que has sido. Dirán cosas como  que “eras un hijoputa tremendo, siempre barriendo para casa”, o  “que eras serio y cumplías con tu palabra”, y en muchas ocasiones dirán “que no se acuerdan de ti, que no te habían visto el pelo”.

Muchos técnicos jefecillos actúan siguiendo las normas de las empresas a rajatabla, buscando el beneficio único de la empresa y olvidándose de que en la obra, tenemos que ganar todos, incluso las subcontratas y los clientes. Se olvidan de ello inconscientemente y, después, cuando la empresa ha desaparecido, tienen que buscar trabajo llevando consigo un currículo cargado de malas decisiones.

Cuando las normas de la empresa no te gusten sólo hay dos cosas decentes que puedes hacer: cambiar de empresa o luchar por cambiar las normas.

Es muy fácil identificar qué normas no debes seguir porque huelen mal, apestan, largan un pestazo que no se puede disimular. De todas formas, te proporciono una “lista de control” para ayudarte a identificar de dónde procede el tufillo.

¿Qué es una obra?

Según la RAE se entiende por obra el bien que entregaremos al cliente a cambio de muchísimo dinero, que lo pagará con mucho esfuerzo durante años. Tiene que ser un lugar en el que no te mojes cuando llueva, no escuches la televisión del vecino y tengas espacio para tender la ropa. En su proceso intervienen muchos agentes que tienen la mala costumbre de comer todos los días, que tienen que cobrar precios normales de mercado y, a ser posible, antes de que termine la obra.

Malas decisiones en cuanto a las subcontratas.

  • Colgarse medallas a costa de joderlas.
  • Amargarlas con el papeleo.
  • Certificar tarde y mal.
  • Descontar metros o trabajos por administración simplemente porque la obra se te está yendo de precio.
  • Pagar muy, muy, muy tarde.
  • Apretar los precios a sabiendas de que es temerario.

Malas decisiones en cuanto a los trabajadores.

  • Pagar los salarios tarde. Por ejemplo el día 5, eso ya es tarde.
  • Pagar salarios muy bajos.
  • No hacer cumplir las normas para todos igual, por muy bien que “Ronaldiño” coloque azulejo.

Malas decisiones en cuanto a los futuros clientes.

  • Olvidarse de que esa casa la podría comprar tu madre. ¿Cómo la harías entonces?.
  • Sacrificar calidad en los puntos vitales: aislamientos, instalaciones, etc….
  • No ofrecer un buen servicio post-venta.

Malas decisiones sobre tu gestión como profesional.

  • Pensar que el precio lo es todo. Esa es la mentira más grande del mundo.
  • Tomar decisiones siempre en la misma “dirección”. A veces hay que girar la cara, mirar a tu superior y aprender a decir “no”.
  • Convertirte en un recopilador de papeles. ¿Para eso estudiaste una carrera?.
  • No formarse. Es tu suicidio profesional.
  • No tratar de mejorar tu organización personal.
  • Echar muchas horas en la oficina. Aprende a ser eficaz y a vivir sin estrés.

 

Si al final te has comportado como una persona decente, con tus defectos y errores, pero con decencia, te habrás ganado los galones. Podrás mirar a la cara a las subcontratas, a los trabajadores y a tus superiores. Te recomendarán para nuevos trabajos siempre que tengan ocasión, porque las empresas y los profesionales, a veces desaparecen, las personas se quedan.

Sé persona.

 

  • Iris Puig

    Siempre si eres humilde y tratas bien a la gente podrás conseguir subsistir más que otros pero siempre hay excepciones que por muy bien que hagas el trabajo, acabas cayendo. Gran artículo, saludos!!

    • Gracias Iris por participar Iris. Tú eres diseñadora, no?. A ti qué tal se te da decir “no” a los jefes? 😉 Saludos.

      • Iris Puig

        Gracias Iván, soy diseñadora sí. El ‘no’ es muy relativo, ya que depende de muchos factores, jajaja Saludos